Miente, que algo queda

JESÚS ALONSO  

Atribuyamos a la casualidad que veinticuatro horas después de que el líder del PP, Pablo Casado, acusara de golpista al presidente del Gobierno Pedro Sánchez en el templo donde los más optimistas creen que reside la soberanía popular el barómetro del Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS a veces y ZAS siempre) revelara el hundimiento de los populares, que quedarían a más de diez puntos de distancia del PSOE y por debajo de Ciudadanos. Consideremos, en nuestra infinita ingenuidad, que haya sido una mera coincidencia el hecho de que la bronca entre ambos dirigentes, que se zanjó con un ‘ya no te ajunto’ por parte del segundo digno de la reacción de un párvulo, se produjera horas antes de que el gran sondeo nacional le enviara al primero el mensaje de que el montaraz camino que había emprendido iba a conducirle inexorablemente, junto a su partido, hacía la irrelevancia política. Achaquemos al azar la relación causa-efecto entre lo que dijo Casado y lo que le devolvió el sondeo y corramos un tupido (y estúpido) velo sobre lo que ocurrió en el debate (¿o de váter?) celebrado (soportado, mejor) en un Congreso donde los agujeros que aún quedan tras la incursión (esta sí, golpista como mandan los cánones al uso) de Tejero miran desde las alturas como ojos asombrados ante lo que acontece a pie de estrado.

Hagamos tabla rasa con otro episodio dantesco más de los muy abundantes que se registran en la Cámara Baja, donde ya no se sabe qué es peor: que Tardá afirme que Casado estaría dispuesto a pasarle por las armas o la sensación de que la posibilidad del fusilamiento no es descartable. Echemos pelillos a la mar, que el espectáculo debe continuar, y centrémonos en la cosa colateral, que no es otra que la persistencia de la mentira en el ejercicio de la responsabilidad pública. Estamos ante una tara de la que no escapa ninguno de nuestros representantes, aunque algunos la llevan a flor de piel como si fuera acné juvenil y se les nota más que a otros. Serán las prisas por matar al padre Rajoy o la obsesión por exhibir músculo frente a formaciones que en su misma órbita ideológica pueden acabar segándole la hierba bajo los pies, pero lo cierto es que un Casado jaleado por su clá y tutelado por un Aznar omnipresente en el discurso del catecúmeno y omnipotente en el del veterano no da una a derechas. O lo que es más grave, las da todas en esa dirección, pero con continuos derrapajes hacia la extrema cuneta donde la verdad queda varada en el barro.

Como todo personaje con mando en plaza, el presidente del PP -Cánovas del Castillo, lo nunca visto, el recopón, vamos, según sus más fieles palmeros- quiere reescribir la parte de la historia que le resulta incómoda. Por eso en el fragor del último rifi-rafe con Pedro Sánchez tiró de memorial de agravios para mantenerse firme en su postura de considerar un golpista el jefe del Ejecutivo. Y mintió. Dijo, también como un tierno infante enfurruñado, que si a su ídolo Aznar le llamaron asesino por su postura en la guerra de Irak y a su antecesor le tildaron de indecente por su promiscuidad en materia de corrupción, por qué él no iba a calificar a su oponente de golpista, ¿eh, señorita? Para apuntalar sus argumentos de defensa llegó a afirmar que el objetivo de la participación española en la invasión era reconstruir el país de Saddam Hussein formando parte de un contingente multinacional. Sin embargo, como es evidente, ni se trató de una misión poco menos que humanitaria como pretende ni el despliegue de las tropas estaba bendecido por la ONU. Lo sabe Casado y sabe que miente. Como mintió también al referirse al momento en el que Sánchez llamo a Rajoy indecente durante un cara a cara preelectoral. Apeló Casado a la desmesura del epíteto cuando, según su criterio, al fin y al cabo el asunto de la corrupción del PP era cosa de un par de alcaldes de otros tantos pueblos de la Comunidad de Madrid. Falseó de nuevo los hechos contantes y sonantes para intentar trucar una realidad que no merece otro adjetivo que el que recibió su entonces jefe de filas. Está todo recogido en los sumarios, avalado por las sentencias judiciales y reunido en las cárceles. Bueno, casi todo.

 

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Comentarios   

0 #1 BestShellie 27-10-2018 21:58
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