El CEU

JUAN NAVARRO

Juan Navarro50 años de estar juntos / esta tarde se han cumplido / para ti flores, regalos / para mí algunos libros / no te he dicho grandes cosas / porque no me habrían salido / ya sabes, cosas de viejos / resquemor de no haber sido. Que helada esta casa / será que está cerca el río / o es que entramos en invierno y están, están llegando los fríos. (Patxi Andión, 50 aniversario, 1971)

En octubre de 1968 los albañiles salían por una puerta y los alumnos entraban por la misma. Estaba en proceso la adecuación de un cuartel del Ejército del Aire, cedido al Ministerio de Educación y Ciencia, con el fin de convertirlo en un Centro de Estudios Universitarios. Así nacía el CEU.

La iniciativa partió de empresarios, políticos de la dictadura y directivos de las dos cajas alicantinas: Provincial y Sureste de España. Se creó el Patronato Alicantino de Enseñanza Superior y a él se adhirieron los municipios de la comarca de L’Alacantí, las Cajas de Ahorro, el Gobierno Civil, la Diputación Provincial e industriales alicantinos de diversos sectores como el calzado, el turrón, alfombra, turismo y demás. Entre los nombres y pidiendo perdón a algún olvidado, citamos a Francisco Oliver Narbona, Antonio Ramos Carratalá, Francisco Bernabeu Alberola, Luis Romero Navarro, José Abad Gosálbez, Luis Nozal López y otros.

Pabellón de gobierno en 1968La creación del CEU fue muy importante para la provincia de Alicante pues multitud de estudiantes que acaban su curso Pre Universitario y no podían costearse sus estudios en otras ciudades, tuvieron la oportunidad de comenzar sus estudios universitarios en el CEU, que dependía de la Universidad de Valencia.

Unos meses antes, Justo Oliva Molina, catedrático de Óptica, que había abandonado su puesto de investigador en el Instituto de Óptica del CSIC, recibía en el Hotel Carlton de la ciudad a diferentes profesores de universidades españolas y extranjeras para informarles del proyecto y trasladarles la decisión de que se incorporasen al Centro de Estudios. Algunos provenían del extranjero como el profesor Eduardo Cadenas Bergua, profesor en las universidades de Pittsburg, Upsala y Central de Venezuela y el profesor Ernesto Diez Villanueva. El profesor Tomás Buenestado Carbonero, procedente del Instituto de Bachillerato de Melilla, Manuel Mediero, Joaquín Hontoria, Francisco Ruiz Berraquero, Blanca Gómez que provenía del Instituto Jorge Juan de Alicante, José Luis Alonso Rodríguez, proveniente del Instituto Torroja de Madrid y gran especialista en química de cementos, Francisco Poyatos, Manuel Mediero, y quiero destacar por su juventud al profesor José María Santiago López que con 25 años se incorporaba al CEU con su tesis doctoral recién defendida ante un tribunal de la Universidad de Valladolid, presidido por Fernando Burriel, máxima autoridad en Química Analítica. En Filosofía podemos citar a Manuel Moragón, Eduardo Ranch, y otros.

Una aventura apasionante impulsada por el entonces ministro de Educación y Ciencia José Luis Villar Palasí, personaje fascinante, catedrático de derecho administrativo, políglota, hablaba seis idiomas y responsable del cambio espectacular de la enseñanza general básica.

En el CEU podías matricularte de tres formas: Filosofía y Letras, Ciencias y Técnicas. En Filosofía podías cursar tres años, cuarto y quinto se realizaban en otra universidad. En Ciencias cursabas el primer año, que era selectivo, es decir o lo aprobabas entero o no pasabas de curso, y únicamente podías cursar segundo y tercero de Ciencias Químicas, en Técnicas cursabas el primer año y una vez aprobado en su totalidad podías trasladarte a cualquier escuela superior de ingeniería.

El nivel académico del CEU era envidiable. Villar Palasí había indicado al primer director, Mariano Aguilar Rico, catedrático de Óptica de la Universidad de Valencia, que el CEU fuese un ejemplo a seguir y que su referencia fuese la Universidad Autónoma de Madrid, creada ese mismo año y con la presencia de investigadores de la talla de Severo Ochoa, Nicolás Cabrera, Federico Mayor Zaragoza y otros que volvían del exilio para dedicarse a la investigación en España. Villar Palasí creó la Universidad Autónoma de Madrid como polo de atracción de investigadores españoles en el extranjero y formar investigadores en España. Uno de ellos fue mi profesor de Física del Estado Sólido Javier Solana Madariaga.

Las clases, en el CEU, comenzaban a las ocho de la mañana y terminaban sobre las nueve de la noche en Ciencias y a las cinco de la tarde en Filosofía y Letras. Como dije, el nivel académico era muy alto y eso significaba que los alumnos que al terminar el primer ciclo se trasladaban a otras universidades, tenían un gran prestigio. En ocasiones más que una universidad parecía un colegio, una prolongación del instituto por lo estricto de las normas y la cantidad de horas lectivas.

El material instrumental incorporado a los laboratorios de Física y Química era de una condición envidiable, espectrógrafos de absorción atómica, masas, gases, un espectrógrafo de rayos X para determinar metales en rocas, cementos y suelos y demás. Fue una educación esmerada y contemplaba clases de informática a cargo del profesor Adolfo Celdrán que nos enseñaba el lenguaje FORTRAN IV, pero los problemas no tardaron en aparecer.

El año 1973, con la crisis económica por la guerra del petróleo, las empresas de la provincia comenzaron a olvidar sus compromisos financieros con el CEU, al igual que los ayuntamientos. Únicamente la Diputación Provincial siguió cumpliendo sus compromisos. Por el contrario, las dos cajas de ahorros alicantinas, la Provincial y la del Sureste de España, no sólo mantuvieron sus aportes financieros sino que los aumentaron. La noticia de que el Consejo de Ministros no aprobó la creación de una universidad en Alicante, que se hiciese cargo del CEU, fue la puntilla a la delicada situación financiera. El Patronato Alicantino de Enseñanza Superior estudió varias fórmulas para conseguir recursos e introdujo la matrícula de los alumnos. Hasta entonces los estudios en el CEU eran gratuitos y a partir de 1973 se introdujo la figura de la matrícula: 15.000 pesetas por alumno y posibilidad de conseguir becas a los más necesitados. Hablamos de matrícula gratuita o 90 euros para los pudientes, algo impensable hoy día. Comenzaron las huelgas por parte de los estudiantes. El director del CEU Mariano Aguilar desapareció y delegó en Justo Oliva la solución de la huelga de estudiantes.

La huelga se desconvocó de una forma curiosa: En una asamblea de estudiantes, alguien preguntó al comité de huelga, que estaba en contra de la solicitud de las ayudas de 15.000 pesetas, cuántos componentes de dicho comité la habían pedido. Todos los miembros habían pedido la ayuda en contra de lo que ellos mismos propugnaban. En un “maremágnum” de insultos, se acabó la asamblea y los estudiantes desconvocaron la huelga.

Pero la matrícula tampoco resolvió los problemas financieros del CEU y ahí, una vez más, estuvieron las cajas. Una reunión entre Francisco Oliver Narbona y Francisco Bernabeu Alberola se cerró con el pacto de ayuda y salvación del CEU. Las cajas alicantinas entraban en ayuda del CEU y cada una aportaría una cantidad de acuerdo a sus recursos.

Francisco Oliver Narbona, “Don Curro” indicó a Francisco Guardiola y Julio Escoto Ferrari, empleados de la Caja del Sureste, que fuesen los responsables de la contabilidad del CEU tras el cese del secretario del CEU Juan Conca Luna.

Como empleado de la Caja del Sureste y alumno del CEU, solía hablar con Guardiola y Escoto y en ocasiones me susurraban: “Juan, este mes no hay dinero ni para pagar la luz y el agua, no te hablo de nóminas”, pero siempre estuvo don Curro aportando los recursos necesarios para el mantenimiento del CEU, entendía, junto a Bernabeu, que no era posible abandonar ese proyecto de universidad futura.

La cuenta de la deuda del CEU con la Caja del Sureste llegó a ser importante, muy importante, e ignoro si en 1979 cuando se crea la Universidad de Alicante, ya en la Transición, se saldó alguna vez, imagino que no. Estas cosas hacen realidad el tango: “En la cuenta del otario, al debe me lo cargás”.

Este 50 aniversario nace mal, no hay un reconocimiento explícito a la sociedad alicantina y a las Cajas de Ahorro, hoy tristemente desaparecidas, pero no es nada extraño puesto que la Universidad de Alicante no se portó bien con el CEU y sus profesores, pero eso será cuestión de otra pastoral.

He recibido una carta-fotocopia de Su Eminencia Reverendísima y Excelentísimo y Magnífico Rector Manuel Palomar invitándome al acto que el próximo jueves 8 de noviembre tendrá lugar en la sede la UA con motivo del 50 aniversario del CEU de Alicante. No pienso acudir y colaborar con este simulacro de celebración. Estoy convencido que a nadie de la organización le importa este 50 aniversario. 

Es el Comité para la Memoria Histórica, quien se encarga de esta efemérides del 50 aniversario del CEU de Alicante, no de la Universidad, no olvidemos que el CEU dependía de la Universidad de Valencia.

He escuchado en Radio Alicante de la Gran Cadena SER, entrevistar a José María Perea Soro, al que le tengo gran aprecio y alta estima, y cuando el radiofonista le pregunta: “Don José María, usted ¿cuándo estuvo matriculado en el CEU de Alicante y en qué disciplina”?, para sorpresa y pasmo mío, Perea contestó: “Yo nunca cursé estudios en el CEU”. José María Perea es el organizador de toda esta movida.

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Comentarios   

0 #1 LaverneJuicy 12-11-2018 04:37
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