Martín Sanz

JUAN NAVARRO  

Juan Navarro Un viejo colega, en mi época de estudiante, afirmaba con su gracejo andaluz que no había nacido, sencillamente su madre lo encontró en un bote de detergente. No he encontrado hipérbole mejor para comenzar este comentario.

Yo encontré a Martín Sanz, recién llegado de “Madrit” (como afirmamos los alicantinos), en el diario La Prensa que dirigía Enrique de Diego tras su expulsión del ABC. Siempre preocupado por la cultura (Martín, no De Diego), comenzamos una amistad curiosa. Yo en la Obra Social de la Caja del Mediterráneo y él intentando abrir su camino en esta ciudad maldita.

Aparte de su talento, Martín poseía y los mantiene en la actualidad, unos ojos increíblemente azules que me recuerdan aquellos versículos de Los secretos: “Si me dejas abierto el balcón de tus ojos de gata”. Era imposible sustraerse a su mirada y bucear en sus ojos intentando minorar sus silencios pausados.

Sanz, tras el desencuentro de La Prensa, buscó nuevas aventuras y encontró en el diario El Mundo una placenta cómoda donde desarrollar su labor. Ahí continuó con su gran pasión: la cultura. Era redactor de cultura y conoció la noche “culta” alicantina, de la mano de Sergio Balseyro, añorado y querido por todos. Ese periodo de cierta estabilidad le acompañó en su viaje hacia la mayoría de edad profesional. Perfeccionó su lenguaje que ya venía bien pertrechado y, como las aves migratorias, buscó la inspiración en mil y una situaciones diferentes que le trajeron ese poso que los alquimistas buscaban en el fondo de las retortas.

Para describir esa época de su vida, hubiésemos necesitado la poesía de Kris Kristofferson cuando afirmaba en “Sunday morning coming down” que buscaba en el armario, las mañanas del domingo, la menos sucia de sus camisetas, y se tomaba una cerveza para desayunar y como aquello no estaba mal, tomaba otra como postre y bajaba a “tumbos” las escaleras para encarar el día.

Más escritor que periodista, comenzó a rumiar un libro, tener un hijo y plantar un árbol. Consiguió lo primero y ensayó lo segundo junto a la musa que le dio estabilidad y tranquilidad, pero realmente en detrimento de lo segundo, justificó con largueza lo primero. Comenzó con la biografía de uno de los grandes historiadores de Alicante nacido en Guardamar: Vicente Ramos Pérez, amigo de Manuel Molina, Ernesto Contreras, Antonio Oliver Rodrigo; estoy hablando de comunistas de verdad cuando Vicente era un burgués de derechas, y Martín supo sacar el zumo que don Vicente llevaba dentro. Leí el libro con verdadera pasión y, exceptuando ciertas concesiones, debo decir que se ajustaba a la realidad con la precisión de un “Nonius o Vernier” (querido lector si no sabes lo que es el nonius o vernier, acude a Google y llora en la columna por no haber aprobado la física elemental del bachiller). Al propio tiempo fue reclamado por la administración pública para llevar adelante la comunicación de la Ciudad de la Luz y allí, querido lector y sin miedo a equivocarme, creo que pasó los mejores momentos de su vida acompañado por ese “diablillo de Descartes” que se llamó y lo seguimos llamando, aunque no nos contesta: Quinito Domenech. “Juanito, eres un canalla, pero te quiero, ¿sabes que cuando conocí a Eduardo en su tarjeta de visita rezaba: Eduardo Zaplana Hernández-Soro, profesor de tenis?” Quinito quería a Martín como un hijo propio, lo prelavó, lo centrifugó, lo secó y nos lo entregó diciendo: tomad y disfrutad todos de él, hay tenéis a una gran persona, un gran periodista y un gran hombre. Quinito murió y Martín se fue a Madrid a buscar nuevas aventuras en su entorno natural.

Posiblemente le atenazase la morriña y Martín en Madrid no lo pasaría excesivamente bien, pero el cuerpo se resiente aunque la mente no se debilita y ello significó acordarse de los amigos ausentes y a la vuelta escribió un excelente trabajo dedicado a los que se fueron, entre ellos y sin menospreciar a nadie, brillaba con luz propia su amigo Sergio Balseyro, “aquel trueno vestido de nazareno”.

Como elemento externo, entonces, a la sociedad alicantina, no tenía ningún reparo en ir a vivir donde fuese, pero que se viera el mar. Se instala en la Albufereta. Como es de codo fácil en la barra, codeóse con los parroquianos y como es curioso como un podenco, fue absorbiendo las mil y una historias que le contaban los vecinos, contertulios, mejoreros, calamandurrios, perdurables, cancamacuelas y demás fauna que pululan por la Colonia Romana. De ahí salió otra excelencia: sus historias de la Albufereta.

Pero las “moiras” griegas o “parcas” romanas, hilando el destino y sin “conocer el oficio y sin vocación”, jugaron otra jugada maestra a nuestro héroe. Recaló en las aguas mayores de Aguas de Alicante, como Director de Comunicación, palabras mayores para “asentar la cabeza y hacerlo de una manera española, que fue a casarse con una….” Y de ahí a su último trabajo y perdone, querido lector, que hayamos estado volando alrededor del objetivo, sin llegar a él, pero el desenlace se acerca.

El día 12 de noviembre de 2018 Martín Sanz subía al escenario del Auditorio de la Diputación de Alicante, y “con las nieves plateando su sien” afirmaba Gardel, escuchó la presentación de su libro dedicado al “Mestre d’arquitectura” Juan Antonio García Solera. No sólo la edición era de lujo cual corresponde a las ediciones de la Diputación, sino también la puesta en escena: Martín Sanz, Carlos Sánchez, Juan Antonio García Solera y Juan Ramón Gil.

Hubo momentos emotivos que para un homenajeado de cierta edad le hicieron llorar con la frente marchita. Para mí, el más impactante fue cuando García Solera habló de don Antonio Ramos Carratalá, director y fundador de la Caja de Ahorros del Sureste, y de don Román Bono Guardiola, y del Complejo Vistahermosa que construyó la Caja y de la Clínica Vistahermosa y del CESA, Centro de Estudios Superiores de Alicante que, como sucursal de la Universidad de Comillas, impartió la licenciatura de Administración de Empresas y de las Torres de la Albufereta y del Edificio Alicante y de tantas cosas, que ahora recordar no quiero.

Te la debía Martín.

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Comentarios   

0 #1 juan navarro 16-11-2018 16:11
FÉ DE ERRATAS:
obviamente no es Carlos Sánchez sino César Sánchez y obviamente no es Román Bono Guardiola sino Román Bono Marín, Doctor Ingeniero de Minas y Presidente que fue de la Caja de Ahorros del Sureste de España con Antonio Ramos Carratalá como Director General.
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