Alicante, un proyecto de ciudad inacabada

JESÚS ALONSO

Jesús AlonsoLas ciudades, por definición, están siempre inacabadas. Sujetas a las leyes de la biología, la urbes nacen, crecen y, en ocasiones, bien por la acción de fenómenos naturales catastróficos o por la intervención igualmente demoledora de los seres humanos, mueren. Alicante, sin embargo, riza el rizo de la evolución de los organismos vivos y rompe la norma que rige el desarrollo de sus hermanas de similar porte y peso poblacional para convertirse en un estrambótico proyecto de ciudad inconclusa.

Sumida en un desbarajuste permanente, en Alicante, como en Cuba, hay un problema para cada solución. No es que los gestores públicos muestren con preocupante contumacia su insolvencia a la hora de abordar los graves asuntos que afectan al normal desenvolvimiento de la vida ciudadana, como el de la suciedad, el caos urbanístico, la inhabitabilidad e intransitabilidad de determinadas zonas a causa de los ruidos y de la ocupación de la vía pública por mobiliario hostelero, la anarquía viaria, etcétera, sino que a duras penas son capaces de sacar adelante pequeñas realizaciones, de esas de andar por casa y por lo tanto alejadas de los anuncios fastuosos a los que nos tienen acostumbrados y que por lo general se convierten en abortos o en eternos partos con fórceps.

Alicante es una ciudad en la que los escombros envejecen justo debajo del cartel que anuncia severas multas para los que arrojen allí desechos de obra y otras inmundicias. En Alicante las autocaravanas siguen aparcando a la sombra de las señales que lo prohíben explícitamente desde hace años en Aguamarga y pese a que la guerra contra la ocupación ha sido declarada viva voce recientemente. Es aquí, en la Millor Terreta del Món, donde lo mismo se le da un bocado a la ladera del emblemático monte Benacantil para empotrar un palacio de congresos que nunca se construirá, que se habilita un carril bici en la avenida de la Estación que dura cuarenta y ocho horas porque a nadie se le ocurrió pensar antes en las negativas consecuencias que iba a tener para el tráfico de vehículos a motor.

Y es que en Alicante, capital de la Costa Blanca que aspira a convertirse en la repanocha en materia de nuevas tecnologías como antes quiso ser el Hollywood de Europa gracias a la frustrada Ciudad de la Luz, con un poco de suerte se sabe cuando empiezan las cosas pero nunca cuando se terminan. Si es que se acaban alguna vez. Hay ejemplos pretéritos y recientes. Tanto da una comisaría de policía que una estación de autobuses, una pecera con pretensiones de acuario o una terminal de trenes. Todo está sujeto a los hados. Es como una maldición, un déjà vu, una pesadilla. Aquí, donde el PGOU es un galimatías sin límite en vez de un propósito ordenancista para el largo plazo, se peatonaliza un tramo de calle hoy para despeatonalizarlo a los seis meses porque es más una declaración de intenciones de cara a la galería que una necesidad meditada. Pero las peatonalizaciones que disfrutan con éxito infinidad de ciudades de todo el mundo desde el año la catapún son una entelequia por estos pagos. Algo exótico y más propio de sabihondillos civilizados que de gentes acostumbradas a mirarse el espléndido ombligo que les asoma por encima del racial taparrabos.

En Alicante cada proyecto, por trivial que sea, lleva a aparejada una monumental polémica en la que menudean las zancadillas partidistas, los oportunismos políticos, las corruptelas, las chinchorrerías, los odios filipinos y las incapacidades supinas. En suma, todo aquello que pueda contribuir al subsiguiente fiasco estará incluido en el plan de obras. Ahora le ha tocado el turno a la Oficina de Información Turística que se ensambla en la plaza del Puerto. Resulta que tapa o dificulta la visión de lo poco que merece ser visto en la ciudad. En consecuencia, denuncias en la Fiscalía por presunto delito urbanístico y reproches mutuos respecto a la responsabilidad del desaguisado. Al parecer nadie tomó en su momento, hace ya muchos meses, el metro para medir las posibilidades estéticas que reunía el emplazamiento. Se decidió a ojo de buen cubero. Como todo en esta ciudad de los prodigios que ha hecho de la chapuza su especialidad más reconocida por nativos y visitantes.

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Comentarios   

0 #1 Virginia Llinares 18-05-2019 14:34
Se olvidan de Vistahermosa oeste fase 2, se aprobó el proyecto en 2009, se realizó una parte y quedaron 4 calles sin realizar. Estamos afectados pocos vecinos y no le importamos a nadie. Estamos sin calles, sin alcantarillado. Han pasado gobiernos populares y socialistas. Ni siquiera contestan nuestros escritos. Una vergüenza
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