El PP y la pasión por la anticampaña

JESÚS ALONSO  

La campaña electoral es a la anticampaña lo que la materia a la antimateria. Si la materia común está formada por partículas, la antimateria está constituida por antipartículas. En la misma onda gravitatoria, si la campaña se compone de promesas, poses, declaraciones rimbombantes y compromisos solemnes, además de graves insultos y acusaciones generalmente infundadas lanzadas a voleo para captar primero la atención y después el voto, la anticampaña no es otra cosa que su lado opuesto. Es decir, la colocación a mansalva de palos en las propias ruedas a base de descomunales meteduras de pata, estrepitosos resbalones, incongruencias a destajo, contradicciones a mogollón y memeces a espuertas.

El químico Antoine Lavoisier enunció en 1785, apoyando la ley de conservación de la materia y de la masa propuesta por Lomonósov casi cuatro décadas antes, que la materia ni se crea ni se destruye, solo se transforma. Por contra, la campaña sí se crea en las estaciones espaciales de los partidos políticos. Y también puede llegar a destruir aspiraciones si las partículas con apariencia de propuestas que constituyen los programas se convierten en antipartículas capaces de transformar un decálogo de intenciones para los cuatro años siguientes, o más, en un universo infinito de ridiculeces.

La sobreexposición de los candidatos a los rayos gamma del escrutinio público está propiciando notables daños a diestra y siniestra del sistema solar parlamentario. Sin embargo, si hubiera que elegir al partido que ha llegado a la campaña oficial tras semanas de anticampaña, lo que hace temer que, como las oscuras golondrinas, volverán las antipartículas, ese sería el PP. En todas las formaciones que concurren a los inciertos comicios generales y en la Comunidad Valenciana también autonómicos por aquello de que si no quieres taza toma dos tazas, cuecen antipartículas. Pero los populares, además, las gratinan.

Aparte de su reiteradas y grotescas advertencias sobre el advenimiento del Coco, ellos vienen exhibiendo una insólita tendencia hacia la destrucción de las expectativas que pretendían crear. O sea, hacia la autodestrucción mediante sonoros ejercicios de bisoñez y evidentes muestras de nerviosismo. Si bien la anticampaña principal del PP la están haciendo los tribunales y los investigadores policiales, que no cesan de introducir el dedo en la llaga de la corrupción que sigue abierta, hay antipartículas, digamos elementales, que acentúan la sensación más que fundada de que, a lo mejor, si cerraran la boca de vez en cuando no les entrarían moscas a borbotones.

Anticampaña, por atentatoria contra sus intereses, es tanto el célebre cartel anunciador de un mitin con el que reapareció el líder de Podemos Pablo Iglesias tras su baja por paternidad, como el intento de boicot de un acto de la cabeza de lista del PP por Barcelona, Cayetana Álvarez de Toledo, por parte de un grupo de independentistas paradójicamente antifascistas en la Universidad Autónoma de Barcelona. Y antipartículas de la anticampaña son, por ejemplo, las masturbaciones mentales, con las consiguientes rectificaciones, precisiones, puntualizaciones, matizaciones etcétera, a las que se ha aplicado la candidata del PP a la Presidencia la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, al manifestar que tendrá en cuenta al ‘concebido no nacido’ como miembro de la familia a efectos de solicitar plaza escolar o tramitar el título de familia numerosa. O la jacarandosa referencia del número dos por Madrid en las Generales, Adolfo Suaréz Illana, sobre los infanticidios de los neandertales. O el patinazo de Pablo Casado -face news, dijo el jefe de los conservadores incluso después de escucharse- en relación a la bajada del Salario Mínimo Interprofesional que pretende llevar a cabo si llega adonde quiere llegar. Si encima a este joven con zapatos nuevos pero horma antigua se le cae parte de la fachada de la sede orgánica no por el impacto de un meteorito sino por la colocación de su ingente fotografía, apaga y vámonos. Es el mismo edificio en el que Luis Bárcenas cuadraba cuentas y repartía sobres sin que el estrépito llegara a oídos de Rajoy ni siquiera cuando los discos duros del delito eran destruidos a martillazos. La duda, pero poca, es si será capaz el PP de moderar su anticampaña ahora que estamos metidos de hoz y coz en harina.

 

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