trileros y Trileros

JESÚS ALONSO  

La Policía Local de Palma ha editado un vídeo para advertir a los turistas y demás viandantes contra el trile, esa estafa callejera que utiliza técnicas de prestidigitación para demostrar que la mano es más rápida que el ojo y, de paso, vaciar las carteras de los más incautos. Las imágenes grabadas nos enseñan a cámara lenta los movimientos que realizan los trileros para que la bolita esté en el cubilete que desean, que no coincide nunca con el señalado por el pánfilo cliente. Loable iniciativa municipal, pardiez, esta de la pedagogía contra un timo que, si bien que doméstico y hasta simpático, no deja de ser un robo que si alguna virtud tiene es la de poner a algunos frente al espejo para que puedan comprobar que sí, que la cara de memo que ven reflejada es la suya.

Ahora solo queda reclamar a quien corresponda, gobiernos centrales, autonómicos, continentales, etcétera, agencias de control, instituciones especializadas en la lucha antifraude y demás familia, la emisión de un serial para que los ciudadanos puedan estar al día, como lo están con Juego de Tronos, de las hábiles maniobras realizadas por las entidades financieras y otras organizaciones con marchamo de honradez para que la bolita de marras aparezca siempre, tras un somero ejercicio de birlibirloque, en el cubilete que quieren.

Porque, ¿qué diferencia a los trileros de Mallorca o de Benidorm de sus homólogos de Barclays, RBS, Citigroup y JPMorgan que han sido multados con mil millones de euros por Bruselas tras pactar sus operaciones en el mercado de divisas formando dos cárteles de precios, o, lo que es lo mismo ‘por dañar la integridad del sector a expensas de la economía europea y los consumidores’?

Pues aparte de la indumentaria laboral, la ingente cantidad de pasta que se embolsan los segundos frente a los primeros y la mala consideración social de los primeros ante los segundos, la posibilidad de que los primeros acaben dando con su huesos en la cárcel o, al menos, en la comisaria para tomarles las huellas digitales y hacerles la foto, frente a la imposibilidad de que sus colegas de cuello duro y gemelos de oro y diamantes pisen una celda. Además, 1.086 millones de sanción, por abultada que parezca, es una fruslería en comparación con el rendimiento económico obtenido por unos juegos de manos orquestados en la oscuridad que seguramente habrán sido convenientemente aplaudidos por las correspondientes juntas de accionistas y debidamente aclamados por los respectivos consejos de administración.

No estaría de más que tras la experiencia acumulada en materia de rescates bancarios multimillonarios con unos fondos públicos que no volverán jamás al lugar de donde procedían: el bolsillo de la gente, y de los productos tóxicos que nos han endilgado los bancos durante la crisis y en la precrisis mientras se posicionaban para multiplicar beneficios y repartir dividendos al tiempo que desahuciaban a sus víctimas, nos aleccionaran sobre técnicas de pillaje desconocidas para el común de los mortales mediante breves tutoriales en soporte vídeo.

Los podría patrocinar un consorcio formado por la Asociación Española de la Banca, La Comisión Nacional de los Mercados y la Competencia, su equivalente en el Mercado de Valores, el Ibex 35, el Banco de España, el FMI, la OCDE, el Banco Mundial y el sursum corda, por poner un suponer. Al fin y al cabo son los mayores conocedores del intríngulis porque de una u otra forma lo inventaron y participan en el reparto del botín.

 

Comparte este contenido:

Comments are now closed for this entry