Alfombra roja para la derecha

JESÚS ALONSO

Jesús AlonsoComo quiera que el PSOE y su intransigencia son los culpables de que cuatro meses después de las elecciones no haya Gobierno, según los dirigentes de la formación morada pero tirando a negro luto, y que la responsabilidad del cataclismo se aposenta en la ambiciosa bisoñez y cortedad de miras de los de Pablo Iglesias, si nos atenemos al caleidoscopio con el que analizan la situación los de Pedro Sánchez, habremos de convenir en que, ni pa'ti ni pa'mi, los únicos insensatos en este juego de tronos que se escenifica en un teatrillo de marionetas son los ciudadanos que depositaron su fe en unos o en otros confiando en la suma resultante.

Una vez identificados los imprudentes que nos ha traído hasta aquí para solaz de una derecha, la del PP, que se excluye constitucionalmente para repartir autorías al alimón con las aspiraciones puestas en el adelanto electoral y se permite el recochineo de sugerir propuestas física y metafísicamente inverosímiles en aras a desbloquear la investidura, y para el desahogo de la otra derecha encarnada por Ciudadanos, que continúa utilizando el cordón sanitario contra los socialistas como si se tratara de una valla con la que mantener en su sitio a ‘la banda’, en estomagante expresión de Albert Rivera, lo que resta es esperar a que sus señorías todas concluyan un inmerecido reposo estival y que, tal vez alentados por la exposición moderada al sol, nos demuestren que regresan dispuestos a hacer lo que no han hecho hasta el actual momento procesal: ganarse el sueldo.

De momento los indicios apuntan sin embargo a noviembre. Mientras en Doñana el presidente –se ignora si en funciones o en defunciones– observa al lince ibérico mecido por las descalificaciones que se prodigan los presuntos negociadores, ahora en calidad de becarios, el Estado ya ha puesto en marcha la actualización de censos y la revisión de la parafernalia electoral. Además, el aparato de agitación y propaganda gubernamental nos advierte reiteradamente de que la ausencia de Presupuesto desabastece de liquidez a las autonomías. Y estas, sean o no cuña de la misma madera, repiten en gradación ensayada que tienen las manos atadas por falta de fondos y que, a lo mejor, hay que empezar a plantearse el cierre patronal.

Los elementos de presión, que no los de reflexión, están sobre la mesa. Las cuentas que echa el Ejecutivo no guardan relación con la cobertura de necesidades del sempiterno pagafantas, sino con el porcentajes de votos que el partido en el Gobierno provisional cosecharía en el supuesto de que la insolvencia y la temeridad generalizadas nos abocaran a unos nuevos comicios y también con los efectos que semejante despropósito supondría para el contrincante. Y como según el CIS Sánchez saldría bien parado del trance o, al menos, mejor que el resto de los concurrentes, que verían mermadas sus fuerzas y, en consecuencia, su nivel de exigencia, esa es la opción que acaricia el PSOE con una mano en tanto con la otra soba el lomo de la perdiz. En el supuesto de que la perdiz tenga lomo, claro.

El caso es que las cábalas se han adueñado del argumentario y habida cuenta de que aquí nadie por la izquierda susceptible de gobernar muestra el menor atisbo no ya de dar su brazo a torcer, sino ni siquiera de ensayar una caricia, el arriba firmante tiene una impresión que contradice a los estudios demoscópicos que reflejan un reparto similar al que padecemos: En el hipotético caso de que volvamos a ser convocados a las urnas en unas Generales por cuarta vez en cuatro años, que la izquierda vaya tendiendo la alfombra roja a la derecha, porque la abstención de su parroquia va a ser de tal calibre que el recuento de los sufragios lo van a hacer los Niños de San Ildefonso. Por breve y facilón.

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