A “De” Cospedal le salen las cuentas


PEPE LÓPEZ 

 Si analizamos el nombre de la presidenta de Castilla-La Mancha lo primero que vemos es ese categórico y postizo “De” y en lo último que reparas es en su segundo apellido –García-, que muy pocos saben de su existencia. Son dos síntomas que parecen definir al personaje. Por un lado, haber comprado un “De” en el mercado de las apariencias para colocarlo oportunamente entre el doble nombre, María Dolores, y el primer apellido, Cospedal, al tiempo que esconder el vulgar segundo apellido que le debe parecer poca cosa para quien tan altas cotas siempre ha esperado conquistar.

A ver, por mucho que nos empeñemos no es lo mismo hacer que te llamen María Dolores “De” Cospedal que llamarse María Dolores Cospedal García. A partir de esta particular circunstancia todo lo demás se explica casi solo, desde esa ambición desmedida de la que hace gala, la altanería en el gesto, el cinismo y la demagogia en la palabra o el insulto rayano en el desprecio a los rivales políticos.

Quien no ha tenido empacho en envolver su verdadero nombre con una preposición de alcurnia, nunca iba a tenerlo en utilizar la actualidad en beneficio propio. Es marca de la casa. Sus denuncias casi nunca acaban en el juzgado, pero ocupan espacios destacados en alguna prensa y van siempre en la dirección que marca la demagogia y la frase bíblica de tirar la piedra y esconder la mano. En eso “De” Cospedal ha sentado cátedra.

Y en esta línea acaba de prender una vez más la mecha del populismo proponiendo el esperado amateurismo de la política que tantos prebostes de la rancia derecha defienden. Quiere María Dolores Cospedal García, licenciada en Derecho por la Universidad CEU San Pablo, que los políticos de la oposición de su comunidad dejen de cobrar sueldo, que sigan con sus trabajos y que como hobby le echen un ratico a la cosa pública. Pero, claro, a veces, sería exigible algo tan elemental como haber sido consecuente y haber predicado con el ejemplo antes de sermonear. Desde 1991, Cospedal García sólo ha trabajado como abogada del Estado que es seis años, de 1991 a 1997, y unos meses más entre 2004 y 2005, el resto del tiempo, o sea unos 15 largos años, solo ha hecho que vivir y, por lo que se conoce, además muy bien, del erario público. Esto es así hasta el punto que no ha tenido, cuando la ocasión se le ha presentado, dificultad moral ni mala conciencia en recibir varios sueldos a la vez cuyo dinero en origen era y sigue siendo público. De su amor por coleccionar sueldos públicos en esencia o de origen, quizá su punto álgido lo marcó el año de 2009, cuando su partido, el PP, ya acusaba a Zapatero de no ver las crisis. En aquel año a la actual presidenta de Castilla-La Mancha no le quedó más remedio que reconocer que había ingresado la nada despreciable suma de 241.840 euros que salen de sumar los 167.000 como secretaria general del PP, 43.000 más como senadora, más 3.570 euros en concepto de trienios del Ministerio de Justicia y otros 25.538 en concepto de indemnización por los gastos de su función en el senado, aunque, al parecer, no fue hasta febrero de 2010 que hizo su primera interpelación en la Cámara Alta.

Para quien propone para los demás el amateurismo salarial de la política, la ristra de cargos públicos ejercidos en estos últimos 16 años no es nada despreciable: en 1997 ingresa como asesora en el gabinete del Ministerio de Trabajo y Asuntos Sociales, en 1988 pasa a ser consejera laboral y de Asuntos Sociales en la Embajada de España en EEUU, en 1999 accede al cargo de secretaria general técnica del Ministerio de Trabajo, cargos a los que siguen secretaria general técnica del ministerio de Trabajo (1999-2000), subsecretaria de Administraciones Públicas (2000-2002), subsecretaria del Ministerio del Interior (2002-2004) a las órdenes de Ángel Acebes y donde vive de primera mano el 11-M. Tras un breve regreso de unos meses a la abogacía del Estado, en 2005 es nombrada consejera de Transportes de Madrid con Esperanza Aguirre, reconocida por ella como su maestra y mentora, y de ahí nuevamente senadora, diputada en las Cortes de Castilla-La Mancha y presidenta de la misma desde 2011, todos ellos, que se sepa, con sueldo.

Seguramente todo esto para Cospedal García, para quien debió empezar a descubrir el brillo y el oropel el año que fue elegida Guapa de la Feria de Albacete, no supone ninguna contradicción, personal ni política. Ella sabe que sus propuestas y sus acusaciones siempre tienen un destinatario que nunca es ella ni sus amigos. Son los otros, los otros partidos, los otros ciudadanos, gente que nunca supieron colocar un postizo “De” entre el nombre y el primer apellido, ni saben ocultar el segundo cuando de un vulgar García se trata, ni, claro, saben hacer como ella, a quien siempre le salen las cuentas. Las del apellido, por supuesto, y las de la economía familiar otro tanto. Solo hay que pararse a sumar y contar.

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